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Manifiesto del Día Internacional del Migrante

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Manifiesto leído en el acto central del Día Internacional del Migrante en Zaragoza y que precedió a un minuto de silencio por las víctimas que han fallecido tratando de llegar a Europa.

Imaginad que toda la población de España y Portugal, toda, mañana martes se viera obligada a hacer la maleta con lo imprescindible y lo más querido, obligada a abandonar su casa y marchar hacia otro país. Cada cual como pudiera, en primera clase de avión los más ricos, en barco quienes viven junto al mar, en tren o en autobús quienes comenzaron a marchar pronto… porque en seguida el camino comienza a ser más difícil, y dentro de unos días, el jueves por ejemplo, Francia y Marruecos comenzarán a pedir visados que hay que tramitar tras filas de desesperanza y con el monedero en la mano.
Tu compañero de trabajo logró salir entre los primeros, al día siguiente te mandó un whatsapp al móvil ¡Boza! ¡Lo hemos conseguido!

Pronto los transportistas, ante la gran demanda, deciden multiplicar por 10 el coste del billete.
Y entonces, quienes no consiguen el visado, buscan otras vías de entrar, pasadores que les ayuden a cruzar los Pirineos o pescadores que les vendan un hueco en su barca para llegar a Italia. Una barca que juega con los límites de su capacidad llenándose de otros como tú. O una travesía por riscos y cortados, con ventiscas de nieve y temperaturas bajo cero por la noche ¿tenías botas de montaña en la maleta? ¿La dejaste tirada en la última cuesta?

Pero no todos tendrán esa posibilidad, y te cuentan que tus vecinos, que no tenían suficiente efectivo para pagar el viaje clandestino, pidieron ayuda a una Mafia para huir. Y tú sabes lo que eso puede significar: que acabarán trabajando como esclavos en un sótano o prostituidos en un burdel hasta que logren pagar una deuda que parece que crezca en vez de menguar.

Y rezas en tu camino por que no sea real eso que cuentan del trayecto: por que no te roben el escaso dinero que te queda, por que no te violen, por que tus hijos lleguen a salvo, por que tú sobrevivas para cuidarles y protegerles cuando llegues a tu destino. Por llegar a otro país.

Esperad, que os estoy explicando el largo camino que recorreréis, pero olvidé el principio: ¿qué pasó para que toda la población de la Península Ibérica tenga que huir a otros países?
Una guerra, una situación de violencia generalizada, una catástrofe natural, sequía provocada por el cambio climático, construcción de grandes infraestructuras, persecución a la oposición política, a periodistas, a defensoras de derechos humanos, odio religioso, acoso a personas por su orientación sexual e identidad de género, pobreza, falta de perspectivas…

Si esto fuera un cuento, elegiríamos una única causa para continuar la historia…
Pero hoy, en Zaragoza, en el Día del Migrante, reclamamos que sea cual sea la causa por la que una persona se ha visto forzada a abandonar un país para migrar a otro, sus derechos han de estar garantizados.
Y por ello, exigimos que se garantice:
1. El derecho a no perder la vida buscando refugio: vías de entrada seguras.
2. El derecho a la integridad y dignidad en el trayecto: medidas de vigilancia de los derechos humanos en frontera.
3. El derecho no estar sometido a esclavitud o servidumbre: revisión de las migratorias de control de entrada desde una perspectiva de derechos humanos y de justicia social.
4. El derecho a la protección jurídica y legal: marcha atrás en usar la cárcel de Archidona como CIE, cierre definitivo de los CIES, no penalización de la migración y fin de las devoluciones en caliente.
5. El derecho a la no discriminación en las políticas sociales y civiles: sanidad universal, educación, atención social, convivencia, participación social y política y ciudadanía.
6. El derecho a no tener que huir del propio país: cooperación al desarrollo. Políticas económicas, fiscales, comerciales, medioambientales… que contribuyan a atajar la pobreza y la desigualdad, no a aumentarla. Y cumplimiento de los tratados sobre comercio de armas.

Fotografía de Oxfam Intermon

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